Hacia el este de la provincia de Buenos Aires, más precisamente en Chascomús, un hombre de origen inglés introdujo en 1845 un elemento clave para el progreso del país. Hoy algunas piezas originales de este invento pueden verse en el Museo Pampeano, y hasta existe un monumento a su creador en la plazoleta frente a la Vieja Estación del Ferrocarril.
En general nos acostumbramos a ver las cosas que nos rodean como si hubieran estado ahí desde los comienzos de la humanidad. Sin embargo, cuando nos ponemos un poco curiosos, vamos descubriendo que todo tuvo su comienzo, y a veces, que esa aparición no sucedió hace tanto tiempo.
En Chascomús vivió un estanciero que cambió radicalmente el sector agropecuario argentino. En consecuencia, cada 15 de marzo se celebra el Día del Alambrador en honor al hombre que instaló el primer alambrado en el país y que fue además fundador de la Sociedad Rural Argentina: el inglés Richard Blake Newton.
Emprendedor y visionario
Richard Blake Newton nació en 1801, en Londres, y a sus 17 años acompañó a su padre por un viaje de negocios a Buenos Aires. Al poco tiempo, comenzó a trabajar como empleado en la sucursal de John Gibson & Son, una tienda originaria de Escocia, y pocos años más tarde, los Gibson le encomendaron la administración de los campos que tenían en Monte Grande, Gral. Lavalle y Chascomús.
En 1834, los Gibson liquidaron la mayoría de sus propiedades en Argentina. Richard compró la estancia de Chascomús que administraba y la llamó «Santa María» en honor a su compañera María de los Santos Vázquez y Molina, con quien había tenido ya 15 hijos. Este campo, situado a unos cincuenta kilómetros del pueblo, tenía una superficie de alrededor de diez mil hectáreas sobre la orilla del río Samborombón.
El viaje revelador
En 1845, durante un viaje de Richard a Inglaterra con dos de sus hijos, vio varios ciervos pastando en un gran potrero, sin nadie que los cuidara. Sin embargo, observó que unos alambres gruesos de hierro rodeaban la parcela. En ese momento, se dio cuenta de que estaba ante la solución a un problema que le preocupaba como ganadero en Chascomús.
En consecuencia, decidió realizar la compra de cien atados de alambre, quinientas varillas de hierro con agujeros y postes esquineros. Al llegar el envío a destino, comenzó a cerrar los montes de su estancia y también el jardín, el parque y la quinta para protegerlos del ganado. De esta manera, Newton se convirtió en la persona que introdujo el alambrado en el país.

De importador a exportador
«Don Ricardo” fue un importante cabañero de ovinos. Comenzó a sustituir las rústicas ovejas introducidas por los españoles, por razas de calidad superior. Gracias a esto, cada vez que el mercado demandaba nuevas lanas, Newton ya las estaba produciendo.
También estableció en Santa María bañaderos para los ovinos e introdujo en el país la primera prensa para enfardar lana. La producción era cargada junto con cueros vacunos en embarcaciones a vela que partían desde el Río Samborombón hasta la bahía, donde se transbordaban a barcos más grandes con destino a Buenos Aires, y de ahí a Inglaterra.
Luego de su muerte por cólera en 1868, Newton estuvo enterrado por muchos años en el jardín de la antigua construcción que lo hospedó. A pesar de que sus restos fueran trasladados a Buenos Aires, se conservó en el lugar la lápida de mármol rodeada de una sencilla reja. De la existencia de la estancia “Santa María” se supo hasta 1969.

Sale el gaucho, entra el alambrador
Antes de la introducción del alambrado, existían otras prácticas para garantizar la seguridad de la vivienda, delimitar huertas y evitar el pisoteo de los animales. Sin embargo, todas resultaban deficientes y demandaban un esfuerzo excesivo.
El uso del alambrado fue ganando adeptos entre los propietarios rurales ya que resultaba muy eficiente para fijar el perímetro de las propiedades, evitar las mezclas de ganado e impedir el paso de transeúntes. Incluso, el alambrado garantizaba el cuidado de los cultivos, por lo que fue vital en la expansión de la agricultura.
Con esta innovación aparece una nueva clase de trabajador rural en las pampas. Destreza, conocimiento y esfuerzo son las características de un nuevo oficio: el de alambrador. Estos hombres fueron colocando con sus propias manos el elemento que convirtió al gaucho nómade en un labrador.
El alambrado educó por fuerza a nuestros estancieros criollos, reacios al progreso. En consecuencia, hizo posible la aparición de la estancia, la cabaña, el tambo, la granja y la chacra. A partir de esta época es que surge el furor por el alambrado en el país y comienza el final del gaucho argentino.
Uno de los más entusiastas de la época fue Domingo F. Sarmiento, quien pedía a los hacendados argentinos abandonar el sistema de estancias abiertas a través de su famosa frase «¡Cerquen, no sean bárbaros!» Gracias al hallazgo de Newton, el alambre se convirtió en un artículo más de importación, y lo que sucedió después es bien conocido.






